Los fiordos noruegos son de esos sitios que las fotos no consiguen estropear porque no llegan del todo: paredes de mil metros cayendo al mar, granjas imposibles agarradas a la roca, cascadas por todas partes. Noruega es más sencilla de lo que parece — si eliges bien el formato del viaje.
Los dos fiordos que se llevan la fama (con razón)
El Geirangerfjord, con las cascadas de las Siete Hermanas, y el Nærøyfjord, el brazo más estrecho y espectacular del Sognefjord. Ambos son Patrimonio de la Humanidad y ambos se navegan en ferris que cuestan poco y valen todo lo que pagas y más.
El tren de Flåm: la jugada maestra
La ruta Norway in a Nutshell une Oslo y Bergen combinando el tren de montaña de Bergen, el tren panorámico de Flåm — de los descensos ferroviarios más bonitos del planeta — y el ferry por el Nærøyfjord. Se hace en un día largo, o mejor, durmiendo en Flåm o Balestrand para no correr.
Bergen y Oslo, cada una a su ritmo
Bergen: el muelle hanseático de Bryggen, el mercado de pescado, el funicular al Fløyen. Merece dos noches sin prisa. Oslo pone los museos — el barco polar Fram, el nuevo Munch, la ópera sobre la que se puede caminar.
Cómo lo montamos sin que te dé un vahído
Por libre exige cuadrar trenes, ferris y hoteles con meses de margen. El circuito organizado lo trae ya resuelto, incluyendo lo que más duele por separado: traslados y media pensión. Tienes las salidas en nórdicos y auroras — y si prefieres verlo todo desde cubierta, pregúntanos por los cruceros por los fiordos de mayo a septiembre.