Pocos países caben tanto en tan poco espacio: Costa Rica tiene volcanes activos, bosque nuboso, dos costas con personalidades opuestas y más biodiversidad por kilómetro cuadrado que casi cualquier lugar del planeta. Y lo mejor: aquí ver fauna es fácil, aparece sin que la busques.
Arenal: el volcán que preside todo
El cono perfecto de La Fortuna: caminatas por antiguas coladas de lava, la cascada de La Fortuna, tirolinas, y el final obligado — termas naturales bajo un cielo lleno de estrellas.
Monteverde: el bosque que vive entre nubes
Puentes colgantes sobre el dosel forestal, colibríes a docenas y, con suerte, el esquivo quetzal. Trae capa de agua: aquí la niebla forma parte del paisaje, no una molestia.
Manuel Antonio: selva pegada a la playa
El parque nacional más famoso del país: perezosos, monos capuchinos y playas de postal dentro del propio parque. Madruga para entrar y no olvides el bañador.
Tortuguero: la Amazonía a la tica
Solo se llega en barca o avioneta — eso ya lo dice todo. Canales de selva, caimanes al acecho, y de julio a octubre el gran espectáculo: tortugas verdes desovando de noche en la arena.
La única letra pequeña del viaje
La logística entre parques (barcas, 4x4, carreteras lentas) es lo único que exige planificación. Los circuitos con traslados incluidos de grandes viajes lo resuelven entero; y si es para vuestra luna de miel, Costa Rica remata de maravilla con días finales de playa en Guanacaste o un salto al Caribe.